El tamizado consiste en una filtración sobre soporte delgado con pasos entre 2 y 6 mm. En función del paso establecido, la pérdida de carga variará entre 0,5 y 2 m, y se podrán obtener los siguientes rendimientos:

  • Reducción de DBO5: 10 – 15%
  • Reducción de SS: 15 – 25%
  • Reducción de arenas: 10 – 80%

El material de fabricación habitual es el acero inoxidable.

Los tamices más usuales son:

  • Tamices estáticos autolimpiantes: Constan de una reja formada por barras horizontales, de acero inoxidable, rectas o curvadas, de sección triangular. El agua se distribuye en la parte superior de la reja cuya inclinación sobre la horizontal disminuye progresivamente de arriba a abajo, entre 65º y 45º aproximadamente. Se consiguen así los efectos de separación, escurrido y evacuación de las materias sólidas.
  • Tamices rotativos: Llevan una reja cilíndrica de eje horizontal, constituida por barras de acero inoxidable, de sección trapezoidal, que gira lentamente. Las materias retenidas se recuperan por medio de un rascador fijo y se evacuan.
  • Tamices de perfil en cuña: Constan de un tambor cilíndrico instalado en un contenedor o en canal, con una inclinación de 35º. El agua entra en el tambor frontalmente, quedándose los sólidos retenidos en la malla. Al alcanzar el agua una determinada diferencia de cota arriba y abajo del tamiz, se pone en marcha el sistema de limpieza. El tambor comienza a girar, transportando los residuos hacia la parte superior y haciéndolos caer por medio de agua a presión y un cepillo a una tolva situada en el centro del tambor. De ahí, un tornillo sin fin transporta los sólidos hacia el tubo de extracción. Este tamiz lleva incorporado, en general, un sistema de prensa hidráulica para los residuos.
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